En esta oportunidad quisiéramos, desde el equipo de Mi Proyecto Saludable, escribir algunas líneas que puedan transmitir algo de tranquilidad a nuestra querida comunidad en este contexto particular.

Una cuarentena que nos encuentra a todos teniendo que permanecer en casa. Pero recordemos que este quedarse en casa, más allá del tedio que pueda generar, tiene un motivo: tenemos que permanecer en casa para cuidarnos, para cuidar a los nuestros y a los demás. Es un resguardo necesario para poder revertir este escenario actual pronto y retomar el ritmo y el pulso que caracterizan nuestra cotidianidad. Es importante tener esto presente, recordárselo a quienes lo necesiten. Tener presentes el por qué y para qué de estas medidas, nos hace parte del proceso, nos vuelve partícipes activos de esta situación. Así es como podemos dejar de ser simples observadores y receptores de órdenes que, bajo el imperativo de “quedate en tu casa”, hacen de la cuarentena un padecimiento bajo el cual terminamos experienciando una única sensación que es la de “encierro”.

¿Qué nos queda hacer entonces? Nada más y nada menos que atravesar este momento. No evadirlo, no hacer como si nada pasara, no llenarnos el día de actividades para no pensar ni estar todo el día en la cama. Atravesar la cuarentena es disponerse a encontrarse con lo que ella despierte: angustias, temores, ansiedades. Atravesar implica tomar posición, dejar que los efectos de eso que sucede o está sucediendo resuenen en mí, efectos que tal vez hagan ruido algún tiempo después. Todo lo que la cuarentena genere en casa, en uno mismo, en los vínculos que sostenemos y en el modo en que sostenemos esos vínculos, es posibilidad para interrogarnos, para conocernos y repensarnos.

Permanecer en casa tal vez implique permanecer por un rato lejos de nuestros afectos, pero no nos impide apoyarnos en ellos cuando así lo necesitemos. Marcelo Percia escribe por estos días: “Distancias decididas en común no merecen llamarse aislamientos. Aislamientos compartimentan soledades privándolas del don de la proximidad. Distancias que cuidan suspenden contactos, pero no cercanías.”

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