La frase nos muestra un encadenamiento de nociones de manera tal que nos permite ubicarnos en un contexto más general del que habitualmente nos movemos en la cotidianeidad. Pues generalmente, si hablamos de pensamientos o ideas que podemos tener, ellas quedan confinadas sólo en su ámbito, sin mostrarse sus efectos o consecuencias. Lo mismo ocurre con nuestras palabras y los actos. Tendemos a diferenciar nuestras ideas, nuestras palabras y nuestros hábitos.
Ahora bien, en realidad, todo esta relacionado. Al fin y al cabo, son nuestros pensamientos y conceptos la base de nuestro decir, de nuestro actuar y de cómo nos proyectamos hacia el futuro. Por eso, es tan importante tener la flexibilidad de poder modificar nuestras ideas pues sólo a partir de ello vamos a poder modificar nuestros actos, y así conformar nuevos hábitos que proyectarán un futuro diferente.
Vamos a ver en un ejemplo el encadenamiento de estas nociones. Los pensamientos que poseemos son acerca de una determinada realidad. El grado de correspondencia entre nuestro pensamiento y la realidad es un profundo tema que escapa a nuestro alcance pero, para simplificarlo, vale el clásico ejemplo del vaso medio lleno o medio vacío, según como se lo vea, y en el fondo como se piense determinada situación. Nuestra percepción nos informa que tenemos sobrepeso, lo vemos, somos conscientes de ello. Y pensamos: ¨Llegué a este estado por haber hecho determinadas cosas a lo largo de todo este tiempo. Voy a cambiar de rumbo porque puedo modificar esto¨.
Este pensamiento, simple idea, comenzará expresándose en nuestro discurso, con frases como: ¨Quiero cambiar mi alimentación¨, decir no frente a ofrecimientos que consideramos nocivos para nuestro cambio.
Todo ello se traducirá en actos como empezar a comer determinada porción, en cierto horario, en cierto orden, empezar a hacer actividad física, entre otras acciones.
La repetición de esos actos, no de manera automática sino motivada, pensada, nos llevará a instaurar hábitos duraderos. Y justamente esta pauta duradera nos conformará un futuro diferente del que tendríamos si no hubiésemos puesto en desarrollo nuestra primera idea.
Entonces, la dirección de ese futuro que nos proponemos, estará determinado por nuestras ideas y proyectos, especialmente por nuestro deseo. La posibilidad de elegir, cambiar y modificar trayectos es nuestra más profunda libertad.
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