La palabra antojo es de origen latín “ante oculum” que significa “antes de los ojos”, y se la define como un deseo impulsivo por alguna cosa, persona o comida. Surge por la asociación mental de imágenes o sensaciones con determinados sucesos del pasado que conducen al recuerdo de “algo” que se desea volver a tener. Aparecen como un impulso imprevisto imposible de frenar, al menos con los recursos conocidos por la persona hasta el momento.
La aparición de los antojos se relaciona, indiscutidamente, con situaciones emocionales, especialmente estresantes. Entonces, le estaríamos llamando “antojos” a momentos de ansiedad, que se tapan con comida. Como recomendación técnica, la ansiedad no es buena soportarla sino tramitarla en otra cosa, buscando acciones que nos permitan cortar con ese estado mental; es decir, acciones que lleven nuestro pensamiento hacia un lugar sereno y placentero. Por ejemplo, si el antojo se vincula con dulces, puedo ingerir frutas y cereales para equilibrar nutrientes; y se relaciona con salados, puedo acudir a apio y pepinos, un puñado de frutos secos.
También es importante realizar una actividad sostenida que permita disminuir, liberar el estrés en la vida cotidiana, a través de la práctica de algún deporte o yoga; como también alguna actividad vinculada con el arte: leer, ver cine, escuchar música.
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